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Reseña #161-Mutatis mutandis

Mutatis mutandis

Por Valentina Vidal

Son las 4 am y hace 36 grados. El ruido del ventilador y la transpiración me despiertan. El sudor moja las sábanas y se enfrían, pero la terquedad de vencer un insomnio cada vez más concreto, me mantiene atada a la cama. Quedo inmóvil por un rato. La cabeza avanza en quinta borrosa hasta llegar a primera y repasa cada minuto del día anterior. Hipotetizo situaciones. Me digo que estoy a tiempo, ¿estoy realmente a tiempo? Es inevitable, la duda me levanta de un salto. A veces creo que el corazón no va a resistir otra noche en vela, pero de a poco los latidos se dulcifican y logro respirar con normalidad. Las madrugadas son un espacio atemporal y el sonido de las ruedas contra el asfalto me provocan una risa inespecífica y absurda. Voy hacia la biblioteca. Con el dedo índice recorro el lomo de los libros. Las flores y el título de la portada de La vi mutar de Natalia Rodríguez (Editorial Wu Wei, 2013), hacen resonar sin saber bien de dónde, mutatis mutandis (cambiando lo que haga falta cambiar, en latín). Abro el libro y en la primera página aparece Vito que se presenta también con dudas, pero que acepta lo irreversible del mundo con un tamizado peculiar. Dudas crédulas que ponen bajo sospecha lo dado para llegar a su propia verdad, porque a lo largo de la novela, Vito cree y descree, se resuelve entre lo simbólico, lo cruel de lo real y la traducción que tan solo un niño como él puede darse acerca de un mundo difícil de asimilar.

La novela de Natalia Rodríguez puede tomarse de tantas formas como razones existan para asomar la cara por la ventanilla de un auto en plena ruta. Una madre a la que le sale un ojo en cada rodilla, mujeres expuestas en jaulas, hombres desangelados que visten con el camisón de sus esposas, la inocencia de un Vito que por momentos pareciera ser el Ánimus de Jung y Julieta, la pequeña vecina y socia de juegos, recorren un trayecto duro y bello la vez, dentro de lo que pareciera ser una suerte de barrio residencial, dónde el objeto prohibido respira en párrafos como este:

“Estaba más linda que nunca, tenía el pelo suelto y se había puesto una pollera floreada. Estaba más alta y tenía más pestañas, eso me llamó la atención. Olía a vainilla, me acuerdo porque me dieron ganas de morderle un cachete como si fuera una torta. Yo estaba muerto de hambre y Julieta olía a torta.”

Vito hace lo que puede, y atraviesa sus propios límites más allá de lo tolerable, cruzando de vereda todo lo que haga falta, porque necesita saber, abarcar y sobre todas las cosas, sobrevivir a la pérdida:

“Julieta se dio vuelta y sacó la mano por la ventanilla para saludarme. Yo abrí mi biblia y guardé el saludo en la página 316 y escribí en esa página con el negro de las cenizas de todo lo que habíamos perdido, lo que más me preocupaba recuperar: Julieta”.

Pienso que además de ser un párrafo hermoso, define lo que sobrevuela durante casi toda la historia. La biblia no está numerada como un libro común y me deja en un pensamiento lateral que me interpela. Me pregunto cuál sería esa página si es que existiera. Con escaso convencimiento, busco una biblia y me digo que tal vez sea el capítulo 3, del versículo 16 del evangelio de San Juan, pero Vito es un niño ateo con una biblia bajo el brazo. ¿Acaso dudar no es interpelar, resignificar, es decir, mutar y sobrevivir? Vito dice:

“Paré para respirar y gritar un poco. Creo que los demonios o los fantasmas se nos salen del cuerpo con los gritos, se salen escupidos por la boca y yo tenía varios”.

Entonces les veo por fin la cara mientras el amanecer empieza a respirar por la ventana. La ciudad recupera sus ruidos y a mí me vence el sueño. Las sábanas están ahora secas y bajo la persiana. Pienso en todo lo que dejé atrás en los espirales nocturnos del insomnio y que la novela de Natalia Rodríguez logró descontrolar los demonios para volverlos puesta en acto y escupirlos. Mutatis mutandis cambiando lo que haga falta cambiar, Natalia Rodríguez nos deja una novela con una prosa activa y repleta de disparos al cuarto oscuro del inconsciente.

La vi mutar (2013)

Autora: Natalia Rodríguez

Editoria: Wu Wei

Género: Nouvelle

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