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Reseña #196- Las aliadas, las bellas, las enemigas palabras

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Por Analía Pinto

Hay textos que nos invitan a morar largamente en sus páginas, como si estuviéramos de vacaciones y dispusiéramos de todo el tiempo del mundo. Nos invitan con sutiles aspavientos, nos susurran, nos seducen y nosotros nos dejamos seducir, nos abandonamos a su embrujo. Son esos libros que se leen o bien de un tirón o bien saboreando cada renglón y deseando que la palabra “fin” (o al menos la última página) nunca llegue. Pero hay otros textos que van por el mundo con otras formas, con otros modales. También seducen pero transitarlos no resulta fácil. Nos invitan, sí, pero como una diva hollywoodense, lo hacen sólo para rechazarnos, para echarnos a empellones de sus páginas, como si no quisieran que estuviéramos allí. Quizás nosotros tampoco queremos estar allí, pero un cúmulo diverso de circunstancias nos hace insistir y abrimos el libro, releemos los renglones que ya habíamos leído tratando de retomar el hilo o un hilo o algún mínimo rastro de hilo, bufamos, enganchamos algo, el texto vuelve a expulsarnos con alguna de sus argucias y nos preguntamos por qué no podemos tener una relación diáfana con estos libros ásperos (pero también bellos) como cactus.

Y lo cierto es que, tal vez, las relaciones diáfanas no existen o si existen terminan siendo un gran y desangelado bostezo. Lo cierto es que, evidentemente, el libro bello y áspero nos ha interpelado. Nos ha preguntado algo que quizás nos molestaba o en lo que no queríamos reparar. Nos ha puesto en alguna encrucijada, como la que tendrán que enfrentar hache y bé, los protagonistas de el caso peralta o por hache o por bé de Mónica Rosenblum. Pero me atrevería a afirmar que el verdadero protagonista de este libro (al que me abstengo de hacer cuajar en cualquier categoría conocida o cognoscible) es su narrador, o mejor dicho, la voz narradora. Ella provoca la seducción y el rechazo, ella maneja los hilos que a veces cuesta tanto sostener o seguir. Una voz narradora que no es necesario adscribir a ningún género sexual en particular (lo mismo que a hache y a bé), pero que puede ser capaz de hacer trastabillar al lector más entrenado, mediante el sencillo expediente de poner todas las posibilidades sobre la mesa, o por lo menos una buena cantidad de ellas (y ya me estoy pareciendo peligrosamente a ella).

Cada vez que hablamos o que escribimos una frase, hasta la más simple, realizamos un proceso de selección sobre los ejes del sintagma y del paradigma. Los que han estudiado Letras, Comunicación y bandolerías afines saben de qué hablo. Puesto al nivel de doña Rosa, digamos que de entre todas las formas posibles para decir que pasó tal cosa, elijo una. La que me gusta más. En la que creo más. La que me parece que se va a entender mejor. Pero una. A lo sumo, elijo una y considero otra, pero el mismo lenguaje o, si se quiere, la entelequia de la comunicación, me constriñe a quedarme con una, porque si empiezo a considerar esta otra forma y aquella, la de más allá e incluso la de acullá, no sólo enloquece el hablante sino también quien lo escucha/lee. La comunicación (o la ilusión de comunicación) se opaca, se nubla, hay ruido blanco, tengo que volver atrás, releer, repensar, recalcular y así todo el tiempo. el caso peralta… lleva esta táctica a la exasperación y la convierte en su principio rector, por eso las palabras terminan siendo aliadas pero también enemigas: “ya dijimos muchas veces que no podemos detenernos en todo, ni en todas las preguntas ni en todas las respuestas ni en todas las verdades, ni tampoco todo viene al caso, aunque en el fondo sí, porque todo tiene que ver con todo…”.

Puesta en lenguaje del relativismo, cuestionamiento crítico de las frases hechas, de esas que decimos todos los días sin siquiera inmutarnos (como la más “obvia y burda y ridícula de todas” que es aquella de poner las manos en el fuego por alguien), exterminio y exaltación de la metáfora y la literalidad y sus posibilidades, y un texto cuyo discurrir continuo se ve acentuado por la espeluznante ausencia de mayúsculas a la vez que es interrumpido por llamadas (no siempre al pie, no siempre al caso) que a su vez remiten a otras llamadas o citan otros textos con la desprolijidad de quien toma unas notas rápidas y también por poemas (en el sentido de “textos en verso” pero me resisto, de nuevo, a categorizar) que pueden decir algo tan bello como “y lo peor de todo / es que en el infierno / uno / ni siquiera arde”, es apenas parte de lo que conforma el caso peralta…, uno de esos libros que vienen a sacudir la modorra espiritual en la que la engañosa diafanidad de los días nos puede hacer caer tantas veces.

el caso peralta o por hache o por bé (2014)

Autora: Mónica Rosenblum

Editorial: Zindo & Gafuri

Género: poesía

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