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Reseña #221- ¿Quién puede matar a un niño?

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Por Celso Lunghi

La literatura argentina es pródiga en relatos de iniciación. Desde El juguete rabioso hasta El origen de la tristeza, pasando por La traición de Rita Hayworth y las antologías de Silvina Ocampo, por mencionar apenas unos pocos ejemplos, los textos que narran la formación de un sujeto han sido (y siguen siendo) una constante en nuestras letras. En ese sentido, es curioso que el terror como una propuesta orgánica y organizada, tanto de autores (Mariana Enriquez, Luciano Lamberti, Nicolás Correa) como de editoriales (Muerde Muertos, Pelos de Punta), haya tardado tanto en aparecer. El terror es, básicamente, un género de iniciación, porque la iniciación suele estar marcada por el espanto. Y de ahí, también, la fuerte presencia de los niños, ya sea que infundan el miedo (El exorcista) o que lo padezcan (It.)

Los chicos también se mueren (Textos intrusos, 2016), primer libro de cuentos de Narciso Rossi, se apropia de este tópico y, a partir de él, entabla un dialogo con la tradición de la literatura nacional, por un lado (no es un dato menor, al respecto, que el libro esté antecedido por un epígrafe de Samantha Schweblin), y con los clásicos del género, por el otro. No todos los cuentos del libro son de terror, pero en todos, sí, predomina lo siniestro, lo cotidiano que se vuelve extraño. Por otra parte, si el terror suele surgir en el seno de la familia, en los cuentos de Los chicos también se mueren, esta premisa es llevada al límite. La gran protagonista de estos relatos es la familia: los padres (“Llora”, “El juego de la olla”), los abuelos (“El otro juego”, “Amor de abuela”) e, incluso, los primos (“Los chicos también se mueren”) son los encargados de introducir el miedo. Hay, en este libro, entonces, una fuerte unidad temática, pero, al mismo tiempo, una fuerte apuesta a los recursos y a las voces: en algunos cuentos, se impone el diálogo (“Crisis”), en otros surge una primera persona confesional e intimista (“Invasión en Buenos Aires”, “Palabra autorizada”, “¿Quién es Adela Esquivel?”), el clásico narrador omnisciente (“Atrapada”, “Los gatos de la vieja de la esquina”), las cartas (“Amor de abuela”) o el monólogo directo (“Macho.”) No hay una voz que se parezca a la otra (las de “Macho” y “¿Quién es Adela Esquivel?” son de las más logradas del libro) y, por extensión, cada cuento marca un tajante quiebre con el resto e impone sus propias pautas de lectura.

Los chicos también se mueren constituye, en síntesis, una fuerte apuesta al género, en principio, a los recursos, en segundo término, y, fundamentalmente, a las voces, que son la materia prima de cualquier relato: las historias, en el fondo, no son más que una acumulación de voces y estos cuentos lo reafirman párrafo a párrafo.

 

Los chicos también se mueren (2016)

Autor: Narciso Rossi

Editorial: Textos Intrusos

Género: cuentos

 

 

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