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Reseña #238- Cuenta conmigo

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«Nunca más volví a tener amigos como los que tuve a los doce años.

 Cielos, ¿acaso alguien sí?»

 

Texto de Miguel Vilche

Lectura de Emma Vilche

 

Interesante desafío se presentó con esta reseña; me pasa por lo general cuando estoy frente a un relato cuyo género bordea el límite de otros géneros, juega con los elementos que lo condiciona como tal. Sobre todo porque el target también se fusiona, se mixtura en el mismo ejercicio. En el arte – ¿quién puede negar que reseñar es arte literario, más allá de lo meta discursivo? – se suele tener a mano una estructura formal para facilitar el trabajo, dinamizarlo; un esqueleto para desarrollar el cuerpo poniendo las capas literarias, atendiendo a ese mismo marco delimitado; pero cuando las categorías se opacan, se esfuman y se corporizan en otras para terminar mezcladas la empresa se vuelve compleja. Y muy interesante, claro.

Un fantasma en el espejo, la historia escrita por Fabián Sevilla en práctica edición de Albatros, es un libro de aparente simpleza formal en el que se descubre entre líneas una bella complejidad que me lleva a teorizar sobre el esteticismo en las letras, sobre los tonos para conseguir ciertas tensiones y la elaboración artesanal con sus bemoles, algo siempre polémico para un escritor. El autor se las rebusca para llevarnos a sus mundos convergentes con entramados elaborados, con combinaciones codificadas por la nostalgia y llevadas de la mano como si fuese un paseo por la plaza del barrio, teniendo, esta vez, el público-objetivo como “excusa” para tallar los bordes literarios sin pretenciosidad. En resumen, un respetuoso del lector.

Y así consigue la complicidad necesaria para este trémulo mosaico genérico que bordea el sincretismo, donde uno se reconoce, quiere formar parte de la historia, ser alguno de los personajes por empatía o al menos tenerlos de amigos, por reconocibles y entrañables. Y ese reconocimiento nostálgico resulta toda una síntesis valorativa, sobre todo por la sutileza de la manipulación, por el lado positivo que se ve en ella. El texto, simple, corto, efectivo, te engancha desde la primera línea, apela a jugar con tus niveles químicos y te lleva de las narices con su pericia para crear los escenarios soñados por infantes aventureros, que en un adulto sobreviven apenas en cuentagotas, o en efímeros lapsos de lucidez, lamentablemente.

Cada vez que la historia parece ir camino al terror más extremo, pega un volantazo y reposa en resoluciones cálidas, hasta lúdicas, que permiten conservarla dentro del género juvenil. Perfecta analogía con esa etapa de la vida, los once o doce años, donde nos debatimos entre seguir siendo niños o madurar y convertirnos en adultos, dejar el mundo onírico para empezar a sentirnos reales. El innegable aire spielbergiano (si se me permite el neologismo para graficar un estilo que es casi un género) simula estar revisitando la niñez-pubertad de cualquiera de nosotros, llena de misterios y aventuras, desarrollando los personajes, usando al colegio como escenario recurrente y el arte como punto de referencia para construir personalidades. Sevilla describe con la sensibilidad de un niño, por eso a pesar de estar en tercera persona, parece un diario de uno de los personajes. Es curioso cómo consigue adaptar una historia que parece escrita en los 80, a una actual, con el uso de celulares y chats. Quizás su principal atributo radica en la forma de conjugar en una misma historia, el tono nostálgico del piberío barrial de antaño con las nuevas formas de relacionarse, con escenas como la que muestra a la barra caminando por la calle temiendo a las casas encantadas para, a los pocos minutos, encontrarse chateando con emoticones incluidos mientras se discute un Nick virtual. Las referencias y los homenajes a la fauna cultural de otros años son necesarios para lograr esto, claro, y los mapas explicativos del final parecen homenajear a Tolkien, también a los cómics europeos gracias a la descripción de cada uno de los personajes, como el viejo Ásterix francés.

Párrafo aparte para la dedicatoria a maestros y padres, que deja al descubierto como  ciertos géneros literarios como el terror, pueden sufrir prejuicios, pero también como son necesarios a la hora de emprender esa engorrosa, rara y conflictiva etapa que es empezar a adolecer la vida.

 

Un fantasma  en mi espejo

Autor: Fabián Sevilla.

Editorial: Albatros (Colección ULTRACALAVERA)

Género: literatura infantil

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario

  1. Dino Dino

    Buenisima reseña y mejor lectura por la niña!! Esperamos ansiosos la próxima reseña por la family Vilche

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