Reseña #282 – Escritores que escriben, perros que cavan


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Por Juan Mattio

Al libro que pensó Damián Tabarovsky le hacían falta pocas representaciones: una casa en la calle 14 de Julio en Buenos Aires, tres perros que cavan en el jardín y un único personaje-narrador que percibe ese micromundo. ¿Con qué lo percibe? Con ironía, con aburrimiento, tal vez con tristeza. Y lo que se representa –si esta palabra no fuera, tal vez, externa al sistema que propone El amo bueno- es el monólogo disperso de quien narra.

Hablo una lengua que ya nadie habla: la lengua del último escritor”. ¿El mejor escritor? No. ¿El más anciano? No. ¿El único? Tampoco. El narrador es el último porque llegó último a la literatura y, antes de él, los otros hablaron y gastaron el lenguaje hasta no dejar nada. El lenguaje, el género, las estéticas, y así. Nada de nada. Y en esa circunstancia, ¿es posible hacer silencio? ¿Se puede uno quedar, cómo quién dice, mirando los objetos que otros arrojaron al campo literario sólo porque tuvieron la ventaja, la astucia, de llegar antes? Imposible. Porque el silencio también se enuncia. “¿Cómo diferenciar un silencio del otro? ¿Cómo diferenciar el silencio del colaboracionista, del nazi, del silencio del resistente, del sobreviviente que no encuentra las palabras para testimoniar?” Y, para nosotros, ¿cómo distinguir el silencio del último escritor de cualquier otro silencio? Entonces, hay que escribir.

¿Y cómo se escribe? Se escribe de forma tal que se entienda que se está escribiendo y nada más. No se escribe bien o mal -¿qué significará esto y para quién?-, dentro o fuera de una tradición, lejos o cerca de la vanguardia (ya muerta, pobrecita, ve pasear a su propio fantasma). Se escribe como esos perros que hacen un pozo en el patio de la casa que se ubica en la calle 14 de julio en Buenos Aires. ¿Saben que buscan los perros? No saben. Pero cavan porque algo atávico, automático o genético, les dice en sus pobres cerebros frágiles que hay que cavar. Y el escritor –este escritor que plantea Tabarovsky- escribe igual. Escribe hasta que el sentido –algo ahí abajo, en la tierra- le impida seguir y detenga la tarea destructiva. ¿Y si nada se lo impide? Pues se sigue cavando, escribiendo.

Si el silencio iguala, la escritura también. ¿Se puede distinguir esta novela de todas las otras novelas que fueron escritas ya, antes? “Se narra que ya no se puede narrar”. Y para eso se utilizan los procedimientos del ensayo, se piensa la novela a sí misma en la novela. ¿No fue hecho esto también ya, antes? ¿No hubo un escritor, no digo primero pero sí intermedio, que advirtió esta misma imposibilidad y trajo desde allá, desde el ensayo o cualquier otra parte, una nueva, pequeña posibilidad también anterior a El amo bueno? ¿Cuántos escritores llegaron a este territorio –y lo dejaron- desde la muerte de Macedonio? “El impasse es eso: no la no acción, no no narrar, sino narrar la desaparición de la narración. El derecho a la muerte de la literatura”.

La novela suicida que escribió Tabarovsky interviene, como el artefacto de guerra literaria que es, en un campo dominado por los consensos obligados y las estéticas pacificadoras. Y propone dar una batalla. Indica que el escritor –el último, el suyo- puede ser también un kamikaze que se estrelle contra el lenguaje, los géneros, las estéticas. Propone una política de la frase donde cada palabra conserve su ambigüedad, su derrota para representar algo, su historia.

El narrador de El amo bueno mira –tal vez recuerda o piensa- a Charlie Parker subirse a un escenario de Toronto en 1953 con un saxofón de plástico y tocar con ese objeto que no sirve para nada. Nada de nada. Y toca, desafinando, porque no le importa o porque le importa demasiado. Porque no puede hacer otra cosa. Y lo que importa de esa escena, que no es música, que es más bien la muerte de la música, es que no se puede abandonar. No por una designación mística o una esencia escondida en El Artista. No se deja de la misma manera que los perros –generaciones y generaciones y generaciones de perros- no dejaron, ni dejan, ni dejarán de cavar.

Título: El amo bueno

Autor: Damián Tabarovsky

Editorial: Mardulce (2016)

Género: Novela

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