Reseña #540- Un collage social com mucho egotrip


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Por Pablo Martinez Burkett

Leí Fábula de Isidoro (Jekyll & Jill, 2016) de Julio Fuentes Tarín. La latitud del sustantivo novela es lo suficientemente generosa como para hospedar diversas posibilidades. Así que le endilgaremos esa etiqueta, aunque también se la presente como fábula o cuento maravilloso.

Previamente destaquemos que el libro como objeto es muy bonito. Al habitual buen hacer de Jekyll & Jill debe adicionarse que viene ilustrado con dos estampas del autor a cuyo cargo también está el arte de tapa y que, además, en el interior de la contratapa tiene pegado un folleto con ilustraciones de Irina Vólkova que se llama “La fábula de Isidoro resumida para niños” (y que justamente, hace eso: resumir la historia para niños). En ese sentido, es una pieza notable.

Pasemos entonces a la historia que a nuestro modo de ver es inclasificable y que, por mera convención, nombraremos novela. Intentar sintetizar el contenido resulta bastante complejo. Normalmente el texto de la contratapa brinda algún tipo de pista pero en este caso, mueve a la perplejidad y anticipa que la lectura no será del todo cómoda.

La obra arranca con la salvajada de prender fuego al presidente del gobierno español. Cual auto de fe, lo queman vivo. Metáfora, exteriorización de un deseo anarquista, sueño o vigilia bajo los efectos de psicotrópicos. Nunca lo sabremos. Y a partir de allí empieza el carnaval. Se introducen personajes, que a veces cambian de nombre; historias que se solapan; Manolo, un narrador que, a la manera del Quijote, parece el segundo autor; pero también hay otro narrador, distinto, que disputa la verosimilitud de lo relatado por el anterior; el niño Wynston Sandoval (pero también llamado Cardona) y el Isidoro de título, una suerte de monstruo (y lo de suerte sobra) al que la ya aludida contratapa tacha de “una especie de célula durmiente ducassiana, avidísima y exultante… mesías villano”.

Tiene a favor que está contado con una prosa florida, cuidada y con detalles cultísimos. El autor sabe escribir y mucho. Por la misma razón, uno tiene la sospecha de que todo responde a un plan de escritura minuciosamente tramado. No descarto que mentes más esclarecidas encuentren los méritos que por ahora me eluden. De puro burro. Y aunque se asiste a una sucesión de juegos compositivos por demás de inteligentes, uno siente que no contribuyen a aportar consistencia y que suscitan el interrogante, no ya sobre la decisión del autor, siempre libérrima y respetable, sino sobre la decisión editorial. Más allá de anacrónicos lirismos, al final del día el libro es un producto y su destino es hallar lectores. Seré un lector poco amigo de los experimentos, un abyecto clasicista que más allá de eventuales juegos de espejos y algún que otro truquito, espera que un libro cuente una historia con principio, desarrollo, clímax y desenlace. Aquí los pases de magia se suceden sin que avance la trama. Se quedan en eso. Más de una vez incurrí en el repaso transversal con la esperanza de urgir el hallazgo de la epifanía que me brindara la clave de lectura. Confieso mi fracaso. Y la autoflagelación de dudar sobre si a lo mejor no estoy en presencia de una genialidad y me la esté perdiendo. De puro obtuso. Por las páginas de esta novela trasiega un hermetismo que quizás esté destinado a un número reducido de iniciados entre los que no me cuento.

En suma, Fábula de Isidoro es una propuesta desconcertante que deliberadamente se sitúa más allá del entendimiento de un lector promedio. Por momentos divertida, por momentos innegociablemente absurda. Es probable que las generaciones futuras le confieran el reconocimiento que se merece.

Fábula de Isidoro (2016)

Autor: Julio Fuertes Tarín

Editorial: Jekyll & Jill

Género: Novela (o fábula) (o cuento maravilloso)

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