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Reseña #999,999 (Delta)- Ruido Blanco

Por Magdalena Girardi

Una mujer da un paso sobre la nieve de Quebec. El tiempo de la narración se espesa en un primer plano del pie hundiéndose, atravesando capas de profundidad hasta quedar sepultado, atrapado en el frío. Así queda uno también, prendido de ese primer capítulo de Quebec, novela de Tamara Till, ganadora del Primer Concurso de Narrativa Bernardo Kordon y publicada en 2016 por Editorial Conejos. 

Se trata de una pareja que se muda por trabajo y deja en Buenos Aires incomodidades, decisiones postergadas, un hijo que no fue. El viaje es la ilusión de un nuevo comienzo, una página en blanco. Pero el blanco con el que se encuentran es total y cegador, no hay matices. La nieve se mete por cada resquicio, entre la ropa, en la nariz, sobre los párpados. No deja de caer y es un blanco sobre blanco, en el que todo rebota. 

Las palabras suenan vacías ante los oídos de la protagonista que no entiende el francés: Quebec también es ruido blanco. Un sonido que al contener todas las frecuencias se neutraliza. Coquetea con el silencio y engaña a los sentidos. Un ruido constante, que arrulla, borra las voces, la música, y no dice nada.

Que tome clases de francés, eso le aconseja Fernando, su pareja, para que pueda hablar con alguien. “Cuando terminó de decirlo nos quedamos mirándonos, callados.”

Son las clases de idioma las que obligan a hablar. De cualquier cosa, no importa, romper el hielo. Hablar por hablar para encontrarse diciendo algo. Solo así puede nombrar eso que callaba, los objetos que quedaron abandonados en una habitación cerrada con llave en Buenos Aires, habitación que hubiera sido de un hijo y que ahora se inunda. Habla, gracias a una oyente que escucha distraída del sentido, ocupada solamente de una fonética torpe que corrige una y otra vez, y pide, exige, que hable por hablar. “Repetí su erre reblandecida y sus vocales amaneradas mientras imaginaba que avanzaba hacia el vacío por un camino construido con palabras”, dice la protagonista y el lector también avanza por esa frase tramposa, aparentemente inofensiva -porque es un lector y confía en las palabras- y una vez que está sobre ella, algo de esos significantes mutilados de sentido, de ese ruido blanco, se derrite bajo sus pies, y se vuelve vertiginoso, resbaladizo, nieve sólida vuelta líquida. Un vacío hecho de palabras.

En la voz de la narradora insiste la idea de hablar por hablar. Una primera persona, casi observadora externa, pocas introspecciones, fría, que describe actos mínimos y cotidianos, sin importancia aparente pero que dejan su eco. 

En Quebec -falso palíndromo, eco reversible en el oído- la semántica está resentida, por falta o por exceso, como están resentidos los cuerpos, achacados, arrugados y agrietados, como el paisaje actual y los recuerdos de un Delta ramificado en el que vacacionaban antes del frío, cuando el agua, en otro estado, fluía. Son cuerpos torpes, que se quieren besar y se golpean, se les caen cosas, tropiezan y quedan como restos, bultos, puro abrigo y cáscara. 

¿Es posible empezar de nuevo, volver a escribir algo, dejar una marca, sobre tanto blanco? 

Quebec (2016)

Autora: Tamara Till

Editorial: Conejos

Género: Novela

Complemento circunstancial sonoro:

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