Reseña #277 – El infinito inestimable


mil-galletitas

Por Valentina Vidal

Pero, ¿por qué mil?

Porque mil es infinito, Elsa. Cuando uno dice que algo tiene mil años es porque tiene todos los años disponibles, porque le queda una eternidad por delante, porque es pasado, presente y un futuro inestimable. El número mil es hermoso, es perfecto, es como si no hubiera nada alrededor del mil

Sartre planteaba que la existencia precede a la esencia, esto implica el concepto de que el hombre es libertad y que existe en la medida en la que es creador de sus ideas, de él mismo y de su mundo. Mil galletitas  (Hojas del sur, 2016) de Diego Tomasi aborda la finitud desde la primera página y nos sumerge en un mundo nítido con una prosa impecable.  Emilio existe y busca trascender a través de la determinación de escribir una novela en el transcurso de una semana, acerca de un chico que se propone comer mil galletitas en un día.

Pitágoras hablaba del poder y vibración de los números desde antes del cristianismo y que este a su vez recogió para darle significado o sentido a muchas de las creencias expuestas en la biblia como la unicidad con dios. El uno es representativo de la unidad y es el único número que no puede ser dividido por un número entero. Es la voluntad, el esfuerzo, la acción. Mientras que el cero simboliza la nada sin límites, todo, Alfa y Omega, espacio y conciencia. Y el mil, representa multitudes, lo inmenso, lo que no tiene fin. Incluso en algunas escrituras se habla del atamiento de Satanás por un tiempo de mil años, es decir un tiempo incontable. Un para siempre.

Emilio es un violinista a punto de cumplir ochenta años. Ya no puede tocar el violín porque sus manos tiemblan. ¿Hay algo más desconsolador que no poder hacer lo que nos eleva, de no poder manejar más ese cohete que nos saca un rato de este mundo insólito? Si, el sabernos leves. El olvido absoluto. Y  Emilio, como cree que va a morir en una semana, resuelve atravesar su propia levedad con la escritura.  Tomasi nos lo informa de entrada. A nosotros y a Elsa, su amiga de toda la vida. “Qué significa tener miedo a morirse. Qué significa ahora que hay una certeza. Miedo a no ver de nuevo la delicadeza de esa señora cada vez que ceba un mate. Miedo al cero, a los dos ceros, a ser el tercer cero detrás del uno. A qué tiene miedo uno cuando tiene miedo de morirse. A que el miedo no sea ya posible.”

Elsa es una figura casi etérea. Ella nos convoca con su mirada apacible como si estuviera detrás de un velo transparente y lo observa a Emilio perseguir su objetivo. “Mientras intenta enhebrar la aguja con un hilo gris, Elsa se olvida de lo preocupada que está por Emilio. De la última vez que dio clases y del último alumno que le preguntó para qué sirve la historia. Para nada, profe, ¿no? Elsa se olvida, se pierde, se va. Un hilo intentando meterse en un agujerito mínimo. Un hilo que hacia el futuro va a ser costura, pero hacia el pasado se enrolla, se repite en su giro y no hace más que pasar de un lado y del otro y en realidad no hay lados.  Sólo un tubo de plástico que lo acuna, que se deja abrazar por un hilo de nada. El pulso no es el de antes, pero puede enhebrar sin problemas. El hilo pasa, y ahora es un hilo nuevo. Atrás quedan las vueltas y vueltas y vueltas. Porque ahora lo que hay es puro devenir.”

Nahuel es el chico dentro de la novela y dentro de Emilio. Nahuel quiere comer mil galletitas en un día. Nahuel como Emilio,  también se propone una meta casi irrealizable, pero ¿ser del mundo, estar en el mundo o vivir en el mundo? Emilio decide estar lo que le queda de tiempo y Nahuel desde todo el tiempo que está por venir: “Cuando llueve, los niños suelen sentir nostalgia por los amores que los abandonarán durante la vida por venir. Sienten ganas de estar en la cama, con la vista en el techo, con la mente en aquel beso que les robarán cuando tengan quince o dieciséis años. Cuando llueve, a los chicos se les da por escuchar canciones tristes que les hacen recordar lo difícil  que es que una persona y otra persona se amen para siempre”  

Como dice Tomasi, el mil es un número inestimable, perfecto. Mil galletitas narra una historia dentro de otra con precisión, frescura y poética narrativa. Es honesto decir que un par de páginas antes de terminarla guardé el libro algunas horas con la única finalidad (y seguimos hablando de unicidades) de que no se terminara, de que Emilio, Nahuel y Elsa fueran para siempre (como la vida misma).  Mil galletitas trasciende con dos historias en apariencia sencillas que bucean en las profundidades del existencialismo con soltura, humor y literatura, dándole al autor y a Emilio, lo que tanto buscaban sin importar el final.

 

Título: Mil galletitas

Autor: Diego Tomasi

Editorial: Hojas del sur (2016)

Género: Novela

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