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Reseña #999,999 (pentatónica)- En los jardines de un lugar


Por Diego L. García

La reciente publicación de Al grave aparecer de lo que ser ahí de Ignacio Uranga, por editorial Barnacle, representa una de las propuestas más interesantes del año, aunque como tal pueda pasar fácilmente desapercibida. No se trata, lamentablemente para la comodidad lectura, de una escritura solucionada, saldada de antemano; más bien es un asunto que requiere exploración y meterse en problemas con la lengua, con sus sustratos y con la existencia. 

El punctum: qué es dios en las tristezas de los desamparados: los niños, dios-niño, acaso, “tan sin amparo el mismo dios”. Desde la cita inicial de Max Horkheimer que dice, en parte, “algún día, un día cualquiera, todo será reparado”, la pregunta por el poder de la palabra poética no deja de aparecer y –usando un recurso propio de Uranga- aparecernos. Nosotros, nosotras, en medio del tiempo y su tragedia. Digo, representados en el acontecer: el ser ahí, entre la voz y la ética que la supervivencia demanda.

“(…) alguien adjunta un cable para que vea

al sirio-kurdo Aylan Kurdi dormido en la costa del mediterráneo

remera roja, pantalones azules: plegaria, mil niños dormidos

que no están: para siempre entera se apagó la infancia en el mundo”.

Una forma cercana al ensayo aparece dentro del poema. Materiales informativos, bibliográficos y científicos generan un desplazamiento del lirismo, en un procedimiento análogo al jazz, en el que la forma predecible va sufriendo sucesivas alteraciones. A veces la negación como propulsión (a), otras la ampliación (b) y la sintaxis latinizada (c) actúan como procedimientos para el despliegue del texto:

a) “las cosas que jamás dirás, lo sé, mientras tus manos sin embargo

no terminan de decir adentro mío esto que por cierto afuera

no dirás, posiblemente, pero sí dirás, por qué no: el tiempo

es la espera hasta tu próxima palabras (…)”

b) “(…) con miedo, como llena de miedo

la mano de un niño, la fe común con miedo del niño en la noche

sin la cobertura de la madre, del amor de la madre, la cobertura

del materno amor al niño (…)”

c)  “a donde hemos nuestro amor humano entrado”

“creyó todo haber perdido absolutamente la familia”

Valen la pena estas citas para presentar el trabajo formal exquisito de este libro. Podríamos hablar de complejidad, en tanto requiere de un lector activo y demorado, pero no sería el término justo: el lenguaje no busca poner barreras sino guiar por caminos alternativos; ir hacia una nueva visión de lo que pasa y nos sobrepasa.

El autor toma un concepto de Walter Benjamin, Erlösung, para pensar la salvación. El “incomprendido viejo Walter”, como aparece en uno de los poemas, puso en cuestión el determinismo del curso del mundo por el avance natural de la historia, dando relieve a la idea de salvación aun en la decadencia estable de los tiempos. Así, afirma W.B.: “…volver la mirada a lo extraordinario, lo único que todavía nos puede salvar” (Calle de dirección única, Trad. de Jorge Navarro Pérez en Obras, IV, 1, pp. 23-89, Madrid, Abada, 2010). ¿Puede así la palabra extraordinaria sanar? ¿Puede “el atado de amor” de Jeremías alcanzar el páramo? ¿El páramo/cielo al que Mateo dice que ingresarán quienes vuelvan y se hagan como niños? ¿Volver a dónde, acaso al asombro, a la fe en lo que rompe aquello ordinario que nos ciega?  

Como decíamos entonces, aquello que sale a punzar y genera una dialéctica entre el adentro y el afuera: la niñez-tristeza en la ranchería de Uchepuru, Tuxpan, Sudán del Sur, Ohio, Malvinas, Alepo y otros territorios de un mismo drama. Como en ese poema de variaciones sobre I’m feeling blue: “estarme con tanta pena adentro”, estarme en una palabra que suspende su curso para hacerse visible: 

“(…) este niño con lo visto, no estás contento, niño

naturalmente con lo afuera, este grave aparecer de lo que ser ahí”

Podríamos decir, la tristeza es política. Encerrar un poema “por defecto” entre bonitas murallas no es el adentro que Ignacio Uranga nos invita a explorar. El adentro desde donde todo será reparado, el adentro de Sara (tal como Uranga recorre este mito hebreo a lo largo del libro), el que transforme la tristeza en niño-que-hará-reír (véase la etimología de Isaac, el hijo que Sara tuvo a los 90 años). La niñez del afuera, que persiste siempre ante el parecer trágico. Insiste. Prospera. Como una palabra que no se resigna.

Al grave aparecer de lo que ser ahí (2021)

Autor: Ignacio Uranga

Editorial: Barnacle

Género: poesía 

Complemento circunstancial musical:

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