Reseña #822- La pertenencia en lo desopilante


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Por Natalia Crespo

Ya pueden encender las luces es la primera novela de Ariel Urquiza y se lee de un tirón, cada página empujando a la siguiente. Y algo de esto —una suerte de empujón— le pasa constantemente a Julián, el protagonista, desde el momento en que decide abandonar la pereza que lo ata al televisor y a su celular y bajar a comprar cigarrillos. En verdad, aquella pereza inicial de su sillón no era del todo tranquila: ese mismo día, horas antes, Julián ha recibido en su casa a su amante. Ahora, mientras espera la inminente llegada de Mariana, su esposa, ve en su celular un mensaje de la “otra”. El temor a una visita intempestiva de su amante es lo que saca a Julián de la abulia del sillón. ¿Y si toca timbre y las dos mujeres se cruzan en la puerta del edificio? Mejor bajar y evitar estas “coincidencias”. Ahí se inicia una serie de acontecimientos fortuitos e inesperados, ante los cuales Julián –como a tantas otras cosas en su vida, iremos viendo— se incomoda pero no puede negarse. Es un ser dividido y es esta tensión entre su deseo de volver a casa –dejó el celular allí, Mariana verá el mensaje de su amante, no podrá ubicarlo, el televisor aún prendido— y la presión por pagar aquel pacto ilícito lo que mantiene a les lectores en estado de alerta. ¿Qué pacto ilícito? Tener una amante no es la única “actuación” doble de Julián: desde hace unos meses, gracias a un contacto de un primo, trabaja para una entidad que desconoce, para gente que nunca vio, desarrollando tareas inexistentes. Ñoqui, en nuestra jerga. Actor de vocación, pero actual colaborador en tareas del hampa, Julián se va enredando, en cuestión de horas, en las gestiones de un matón a sueldo. ¿Accidentes sucesivos o descubrimiento de una verdadera pertenencia? Un poco de las dos cosas, porque si bien a cada paso surge, junto con la voz narrativa tan cercana a Julián, la pregunta “¿qué está haciendo ahí?”, también es cierto que el protagonista parece cada vez más “natural” del lugar, cada vez más lejos de volver a su vida de departamento. Como en No hay risas en el cielo, acá también estallan la violencia casi a lo Tarantino, el humor ácido, los diálogos que guardan la semilla de la incriminación o lo desopilante. Pero se agregan muchas novedades: la indagación sobre el ser y el representar (¿somos lo que mostramos ser, lo que otros ven en nosotros o lo que no logramos nunca decir?), la incomodidad casi existencial del protagonista, lo fallido de la comunicación, la búsqueda de una pertenencia y su posible estrepitoso desbarrancar.

Ya pueden encender las luces (2019)

Autor: Ariel Urquiza

Editorial: Corregidor

Género: novela

 

Complemento circunstancial musical:

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