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Reseña #275 – La revolución es un sueño rubio de piernas soberbias

nuria

Por Nuria Silva

Nombrar a Marlene Dietrich es suficiente para evocar el ardor que causa su presencia. Nunca un cuerpo pequeño fue tan impetuoso, tan amazónico. A Marlene, la arrabalera de acento alemán, la estrella más sombríamente luminosa que dio el cine, nada la describe mejor que los primerísimos primeros planos de su cara, impertérrita bajo la luz, rendida a la sublimación.

En su ensayo novelado El ángel azul, la escritora cubana Zoé Valdés intenta transmitirla fascinación que siente por la actriz, que pronto describe como enamoramiento platónico lésbico, tal vez al sentirse expuesta por los intermitentes arrebatos pasionales de su escritura. Esta admiración erotizada tuvo origen en su infancia vivida en la Cuba revolucionaria de los años setenta. Fue en Cine del Hogar, un programa de televisión dedicado al cine clásico, que vio por primera vez a Dietrich en dos películas dirigidas por Joseph Von Sternberg: la que da nombre al ensayo y Morocco. En contraposición al convulso y austero escenario habanense(es fácil suponer que más impactante para una niña)la figura de Dietrich en el papel de Lola Lola debe haber simbolizado el espejo refractario de otra pobreza, de otra marginalidad deslumbrante para la pequeña Valdés.

La nena desencantada de su entorno y seducida por el atractivo de una femme fatale rubia y europea domina el libro por completo; si se logra atravesar el primer comentario ideológico cuyo simplismo burlón resulta inadmisible, se encuentra el carácter infantil impregnado en la memoria de lo que Marlene fue para Zoé, en La Habana, en la casa de su abuela, en los años de su infancia, en el centro de la Revolución, y no Robolución como la denomina en las primeras páginas del libro. Tras insistir una y otra vez en las consecuencias del estrago comunista, en los excesos del estado autoritario castrista (y sin reflexiones demasiado profundas más que la reproducción de situaciones sórdidas cuyo verosímil queda puesto en duda en el cierre del ensayo), Valdés escribe “…lo único que me interesa hoy en día son los asuntos del amor, de la pasión, del deseo, del cuerpo, de la mente, los grandes asuntos del ser humano. Los temas sociales de la humanidad ya empiezan a aburrirme hasta el bostezo, dejando de lado que jamás podré solucionarlos.”. Tomando en cuenta este pensamiento, la contradicción mayor es la de haberse identificado con una estrella como Dietrich que desde sus comienzos provocó varias controversias ligadas a expresiones fuertemente políticas e ideológicas.

Cuando Zoé renace a su costado infantil uno se siente agradecido porque su escritura fluye naturalmente desde la subjetividad asombrada con las cuestiones más epidérmicas de la belleza y el glamour. La prosa adquiere intensidad cuando deja de lado las cuestiones políticas y sociales que tan poco le interesan, y se concentra en el fetichismo de la pequeña cubana que quiso el pelo dorado, las piernas soberbias, el sombrero, las ligas y un estúpido hombre adinerado a sus pies. Cuando retoma la, llamémosle, denuncia social, además de derribar toda la libido apenas construida y trabar el ritmo de la lectura, Valdés corre el severo riesgo de expulsar a un gran porcentaje de lectores. No es necesario omitir dichas ideas sino tratarlas con la profundidad que merecen, cosa que no sucede y es precisamente esa desidia discursiva o dialéctica lo que llega a molestar.

Mejor es cuando describe los objetos pertenecientes a la diva, a los que pudo acceder en su visita al Museo del Cine en Berlín que cuenta con un sector dedicado a ella, y lo que estas inanimadas piezas del deseo evocaron; un poco menos interesante es cuando repasa los datos biográficos de la vida de Marlene poniendo la lupa sobre las idas y venidas amorosas con el espíritu de una cronista de chimentos.

Cuando la nena Valdés juega, la Dietrich mujer, diosa, diva, se apodera del libro, de las palabras, de las sensaciones; aparece milagrosa con la simple lectura de su nombre: M-a-r-l-e-n-e, y la vemos, con las cejas elevadas y el mentón en alto, mirándonos soberbia, sin esperar que nadie describa el erotismo tanático de sus pómulos y su sonrisa.

Título: El ángel azul

Autora: Zoé Valdés

Editorial: Gedisa (2008)

Género: Ensayo

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