Reseña #335- El sueño de Joyce. Entre el tránsito y la permanencia


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Por Fabián Soberón

   ¿Qué tramas secretas y simbólicas esconde el trazado visible de una ciudad? La pregunta es sencilla pero requiere una respuesta compleja, urdida entre la fiebre, la alegría y el desencanto. La serie de crónicas incluidas en Miami (un)plugged dan una respuesta desde la experiencia febril, la felicidad encubierta y la desazón frente a la tierra perdida. Una buena parte de los relatos, crónicas y ensayos incluidos en el libro proponen un relato de origen, una novela de iniciación y un documento de la melancolía que implica dejar el país de origen. A la vez, los textos muestran que una ciudad es menos un lugar común aferrado a la geografía que un cúmulo desenfrenado de miradas felizmente diversas hechas de escritura y tiempo. La antología no solo da cuenta de las “experiencias” vitales y escriturarias de los autores sino que hacen algo más importante: construyen una ciudad literaria. Después de Miami (un)plugged la ciudad de Miami no volverá a ser la misma. De la misma manera que Buenos Aires es otra después de las escrituras de Boedo y Lima no es la misma después de Conversación en La Catedral, Miami (un)plugged convierte a Miami en una “ciudad escrita”. Este sintagma no es una mera conjunción de vocablos: la escritura es un poderoso instrumento de transformación simbólica. Y no es que no haya habido antes escritores en Miami. Lo que sucede es que con la generación de autores incluidos en la antología, la escritura de la ciudad se hace en un periodo especial, podríamos decir. El periodo en el que los residentes ya no solo escapan de dictaduras o huyen de su país por razones económicas. Sus autores están, en cierta medida, orgullosos, extraños y felices de una ciudad que puede ser pensada como un tránsito pero que a través de la escritura adquiere un novedoso aire de permanencia.

   Miami ha sido percibida, sobre todo desde la mirada monolítica del turismo, como un mero espacio de playa y shopping. Los autores de la antología de crónicas rompen el estereotipo y proponen miradas, interpretaciones y lecturas que escapan al cliché. Los autores inventan una tradición casi desde cero y lo hacen convencidos de que la crónica fusión (ese género hospitalario que alberga textos que van desde la narración autobiográfica a la ficción) es una herramienta fundamental para inventar una ciudad.

   Entre el ensayo personal y la referencia autobiográfica, Vera Álvarez traza un perfil intelectual del escritor judío que vivió en Miami y que pedía una limousine para dar clases en la universidad: Isaac Bashevis Singer. Con humor, Gastón Virkel cuenta su llegada inesperada a la ciudad mientras da cuenta de las clases de inglés que no le sirvieron para enfrentar su primer trabajo en MTV. Sin solemnidad, Pedro Medina León repasa el lapso de vida del mítico Bob Marley en Miami más allá de la postal y de un partido de futbol. Jaime Cabrera González usa a Española Way como sinécdoque para contar una breve historia de la ciudad. Entre la poesía, el recuento erudito y la reflexión sobre el futuro, Camilo Pino traza un retrato utópico de lo que sería Miami tras la hipotética inundación. Pérez Valero analiza la identidad de un cubano perdido en su identidad a través de la narración de un concierto de Simon y Garfunkel en un estadio en el que abundan los cubanos y los gringos. Carlos Pintado escribe su pasado-presente en dos poemas que evocan la Euclid Av. y que la incluyen ya en la memoria literaria. Grettel Singer recuerda el puesto de la florera María por el que pasaban raros personajes nuevos y lo hace entrar en el futuro de los lectores; Héctor Manuel Castro explora sus fracasos para encontrar la nítida victoria; Raquel Abend van Dalen sostiene que Miami es una ciudad juguete que nada en la bañera de los inmigrantes; Carlos Gámez cuenta con prosa rítmica los detalles de una exótica reunión poética decadente con una performance de nadadoras que evocan al Hollywood de los 50: la fiesta funciona como un breve diagnóstico de la última Miami literaria; Lourdes Vásquez expone una visión lírica de los haitianos tocando el tambor para los espíritus; Andrés Hernández Alende narra un viaje que es el descubrimiento del paraíso en un bar y muestra su conexión con la serie policial Miami Vice; Enrique Córdoba se sube a un taxi con un chofer que maquillaba muertos;  Luis de La Paz investiga el racismo en el Downtown; José Ignacio Valenzuela narra su épica e irritante llegada al Flamingo, una herradura con alas, en South Beach; Gabriel Goldberg corre, minucioso, en bicicleta para recordar un sueño, la crisis del 2001 y el disco The final cut, de Pink Floyd; Daniel Shoer Roth describe cómo Miami se convirtió en la Ellis Island para los latinoamericanos y cómo él se convirtió en periodista en El Nuevo Herald; con glamour y desparpajo, J.C. Pérez-Duthie se estremece de placer frente a los cuadros nocturnos de la “Sodoma junto al mar” y Anjanette Delgado cuenta los pormenores de un suicidio para entender que el calor no está asociado necesariamente a la pulsión de vida.

    Todos los textos están escritos en español excepto el de Pablo Cartaya. En este sentido, la antología da muestra de la heteróclita serie de escritores que viven en Miami y que escriben en una lengua que se cruza, en no pocas oportunidades, con el inglés. Como dice Gastón Virkel, no es posible igualar el inglés de turista al inglés del que transita y experimenta la ciudad en los muchos años de vida. De la misma forma, no es lo mismo escribir en español en Buenos Aires o Caracas que en Miami. El español de Miami no es uno sino múltiple. Y es una lengua plugged con los intersticios que da el contacto permanente con el inglés. Esto que parece una verdad de Perogrullo, puede ser leído en su complejidad en la antología. El idioma se convierte en los diversos españoles de los textos. Leemos no una lengua sino las facetas múltiples de una lengua arenosa, heterogénea, melancólica. O, también, una lengua que es muchas lenguas. El español es un orbe diverso y real que aparece en sus múltiples giros, circunloquios, paráfrasis, citas y frases escritas por autores que nacieron en Perú, Venezuela, Chile, Argentina, Cuba, Puerto Rico, Colombia, España, y que viven en esa urbe doble, bífida, cosmopolita: entre la arena y el desencanto, entre el español y el inglés, entre la llegada y la extranjería. Tanto el escritor como la lengua oscilan entre el ser y el movimiento, el tránsito y la permanencia: viven y piensan entre Parménides y Heráclito.

   Miami (un)plugged es un mapa que arma una ciudad. A diferencia del GPS, la antología es un sólido mapa-ciudad, un mapa que anticipa y crea una ciudad posible, un boceto plural hecho de historias, cine, periódicos, patos, clubes, deportes, series de TV, librerías, rutas, música y muerte. James Joyce pensó que su novela Ulises sería la memoria de Dublín el día que la ciudad desapareciese. Creo que Miami (un)plugged cumple el pretencioso sueño de Joyce. Si alguna vez desapareciera tras una gran inundación (como vaticina Camilo Pino) Miami, monstruo cosmopolita y bifronte, ya tendría su memoria hecha de literatura y tiempo: la antología desconectada y conectada a la ciudad.

Miami (un)plugged (2016)

Autor: varios

Editorial: Suburbano ediciones

Género: crónicas

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