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Reseña #206- En el reverso del padre

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Por Valentina Vidal

Cuándo una novela tiene por título Mar Azul, Editorial Bajo la luna, EME (2015), podría interpretarse que será mínimamente plácida. Pero su afabilidad si bien se asemeja a la cadencia del mar, también lo es a la inestabilidad de las inclemencias del tiempo, porque la novela de Paloma Vidal está escrita como una partitura que se toca arriba de un barco en el medio de un temporal. Tal vez porque la escritora es una Argentina nacida en 1975 y se fue a vivir a Brasil en 1977 a los dos años de edad, es que su narrativa nos acuna en esa sensación de estar en tránsito, del pertenecer a un lugar y permanecer en otro.

Las primeras páginas son como una introducción percusiva de diálogos que se funden entre dos nenas: la protagonista y Vicky, su amiga, dos voces claramente identificables en un juego de pelota pared. Luego, la protagonista, ya mayor, viaja a Brasil para hacerse cargo de las cosas que dejó su padre al morir en el mono ambiente dónde vivió los últimos años. Es ahí donde encuentra sus diarios y comienza la búsqueda: escribo en el reverso de sus hojas. Mi tinta se confunde con la suya dice y nos revela la necesidad de completar las ausencias de un padre que dejó espacios en blanco a lo largo de toda su vida. Sobre esta columna vertebral es que se desplazan con soltura las viñetas de la protagonista. La narrativa de Vidal no deja dudas acerca de los fragmentos temporales que entran y salen de las páginas de esos diarios, ni de cómo maneja con una eficacia sorprendente la voz niña, la voz adolescente y la voz anciana sin perder el tono. Con una prosa delicada y en primera persona, pasea por cada una de ellas desde una mirada sensible, sin temor a enfrentar el miedo a la no descendencia y a la propia vejez: “Sé que es necesario deshacer algunos nudos, como un buen quiropráctico. Porque si yo contase la sucesión de hechos alguien podría decirme que no quise tener hijos. Pero ¿y cuándo no es posible querer? El deseo también necesita prepararse” y es el deseo lo que está presente en cada párrafo de esta novela, que se agudiza página a página sobre una necesidad permanente por acompañar con esta aleación de escrituras a un padre sin más voz que la escrita interpretada por el lente del silencio. A riesgo de malos entendidos, surge en la narradora la necesidad de afirmar: “Esto no es un diario, ni una carta, ni una autobiografía, ni cualquier otro modo de escritura íntima. Escribo solo porque él escribió del otro lado”. Pero el otro lado ya ha dejado de ser tal. Ya no hay reverso. Ya no hay un lado B.  Porque no se trata tan solo de esta relación a través de la escritura, sino también la de asimilar lo inclasificable. En esos reversos la protagonista cuenta su juventud y la de Vicky, que transcurren en los años de la dictadura militar Argentina, con una duda imposible: “De algún modo, aquel día estuvo regido por un atraso en la percepción, mía, que demoré en llegar, suya, que demoró en salir. En ese intervalo preciso las cosas sucedieron como quizás no hubiera sido posible evitar, pero ¿cómo saberlo?”. Como la vida misma, hay respuestas que no existen, solo interrogantes que dejan las ventanas abiertas hasta que el paisaje por momentos logre limar su filo.

La riqueza sutil en el lenguaje de Vidal nos acaricia las retinas a través de un vidrio esmerilado con cierto aroma melancólico. Mar Azul es una novela infinita desde los sentidos. Cada taza, cada imagen sustentada en la memoria de ella y de su padre, nos resulta familiar y a la vez lejana como una voz que se pierde con el viento. Dos generaciones atravesadas por el exilio y la violencia que apelan a la palabra para dejarnos algo de su universo, mínimo y a la vez enorme, como el de cada uno de  nosotros. La novela de Vidal habla desde la madurez y la contemplación sin apuro, pero con el paso firme de la memoria anclada en lo escrito.

 

Título: Mar azul

Autora: Paloma Vidal (2015)

Editorial: Bajo la luna, EME

Género: Novela

 

 

 

 

 

 

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