Reseña #707 (+entrevista)- Los que enseñan a ser


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Por Pablo Méndez

Maestros de la escritura (Godot, 2018) de Liliana Villanueva es un libro que muestra el interior de  talleres de escritura emblemáticos. Ocho talleres que registran la forma de trabajo de grandes formadores de escritores: Abelardo Castillo, Liliana Heker, Hebe Uhart, María Esther Gilio, mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg y Leila Guerriero. En cada caso, la autora busca el tono y la forma adecuada para darnos a conocer la operatoria de cada uno de ellos. La entrevista, la crónica, el perfil, son los recursos que se intercalan para mostrar los engranajes que motorizan la guía que estos grandes protagonistas de la literatura y el periodismo infundieron en sus clases.

-El libro está narrado desde distintos puntos de vista: tu labor de entrevistadora y observadora, y también desde la voz de los protagonistas. ¿Qué fue lo que prevaleció para esa decisión narrativa en cada caso?

La forma de cada uno de los capítulos se fue dando sola, según las distintas temáticas que surgían de las entrevistas o de mis lecturas del material de los talleres. La estructura del libro y el armado de los capítulos fueron variando hasta el primer borrador completo. En los capítulos de Castillo y en el de Liliana Heker me interesaba trabajar el tema del origen de los talleres y las entrevistas apuntaban a eso, además de que intenté que el lector percibiera el ambiente del taller. Sobre todo en el capítulo de Levrero traté de reconstruir con muchas voces ese mundo que rodeaba al escritor uruguayo, un mundo que él fue creando y que continúa de alguna manera. El capítulo de María Esther Gilio basado en la entrevista es también ese encuentro casual que ella convirtió en una entrevista sin que yo me diera cuenta. En el de Laiseca me pareció importante mostrar además cómo vivía, la precariedad y la vulnerabilidad de un escritor al final de su vida en un país que reconoce tardía y caprichosamente a los que hacen a su cultura. Si en algunos textos me salteé las preguntas es porque me parecieron innecesarias y preferí dejar hablar al entrevistado.

Cada capítulo es un muestrario de cómo se trabaja en un taller de escritura. La personalidad de cada maestro se vislumbra en los distintos pasajes del libro. Un Abelardo Castillo que enseña en cada historia que cuenta, como si su anecdotario fuera el camino más directo para entender lo arduo de la literatura. Una Liliana Heker que con su apacible rigurosidad crítica desmonta el terreno de la voz propia de cada alumno. La mesura de Hebe Uhart para que cada uno sea un observador de su propia escritura. El arte de preguntar de María Esther Gilio: la curiosidad, el placer, la obligación como génesis para cualquier entrevista. La motivación y el desarrollo de la imaginación de Mario Levrero y Alberto Laiseca. El deber de la actitud literaria que profesaba Alicia Steimberg. Leila Guerriero y la difícil tarea de contar de la mejor manera la realidad.

– Es tu segundo libro sobre la cocina de los talleres literarios. El primero tuvo gran repercusión. ¿Considerás que inauguraste una nueva temática?

Si inauguré una nueva forma no lo puedo decir yo. Escribí sobre los temas que me interesaban a mí y pensé podían interesar a otras personas, en ese sentido los veo como libros necesarios. Me sigue interesando cómo se construye la escritura y prefiero la palabra ‘taller’ a la de ‘cocina’, porque da idea de trabajo duro, de artesanía, como un taller mecánico o un taller de costura.

– Hay una fuerte presencia de las formas de la crónica en Maestros de la escritura, ¿es el género en el que ubicarías al libro?

Es cierto que los capítulos están escritos como crónicas a partir de varias voces, de distintas miradas. Me interesaba mostrar la mirada del alumno y también los ambientes donde se trabaja con la escritura, pero también se pueden leer a los textos como perfiles, no personales sino temáticos, del maestro o la maestra. El género, la forma del texto, no es algo que se pueda decidir de antemano, es un proceso que se va dando -o se va revelando- cuando transcribís tu material a partir de las entrevistas, de las lecturas, de la frase que encontraste por ahí y decidís incluir. Fue un trabajo de dos años, muy intenso; se me quemaron algunas neuronas en el intento. Es un libro muy diferente al de las Clases de Hebe, donde yo tenía todo el material en mis cuadernos y se trataba de ordenarlo y condensarlo, darle forma, respetando su voz (ella leyó el último borrador y lo aprobó). Encuentro ese primer libro algo deficiente y creo que para la reedición me espera mucho trabajo. En Maestros salí a la calle, viajé, hablé con muchas personas, fui a talleres, en fin, fue otra cosa.

El libro funciona, no solo por el valor narrativo y testimonial, también pone en eje algunas cuestiones interesantes del panorama editorial. Además de ser uno de los países en el mundo con mayor cantidad de librerías, el boom de la edición independiente amplió las posibilidades de publicar, de sentirse escritor.

– Hoy en día gran parte de los escritores publicados han pasado por algún taller de escritura, ¿es posible que los talleres se acomoden a las reglas establecidas del mercado editorial o las editoriales acomodan su catálogo a determinados escritores salidos de algún taller específico?

Yo noto que hay tanta sed de publicar como gente que quiere pasar inadvertida por los talleres y sigue buscando. Gente que implora y gente escéptica. Que yo sepa, ninguna editorial acomoda su catálogo a un taller. Puede ser sí que el guía de taller publique en una editorial y proponga al editor o editora un texto particular de un alumno o alumna. Pero eso sucede como en otras cosas de la vida, por coincidencias, casualidades fortuitas o afortunadas.

El libro también se nutre de los testimonios recogidos por la autora de los alumnos de los talleres, en algunos casos escritores ya consumados en el mapa editorial. Esas voces complementan el universo de cada taller en algunos casos, o son las voces que narran las particularidades de los espacio de escritura que integraron.

– ¿Existe cierta estandarización en la escritura de quiénes asisten a un taller o es un simple mito literario?

Yo no veo estandarización en la escritura. Justamente en un taller, con el trato directo con la escritura -a veces íntima- de tus compañeros, notás infinidad de diferencias y matices. Lo que sí creo que sucede, y se trata de una consecuencia lógica, es que se tienda a un género determinado. Del taller de Heker salen sobre todo cuentistas y también novelas porque se trabaja cuento y novela, textos muy corregidos y con una cierta tendencia al cuento según la tradición norteamericana. Del taller de Hebe salen cronistas y algunos cuentistas. No salen novelas porque ella no trabaja la novela ni en su propia obra. Muchos cuentos de alumnos de Levrero son ejercicios basados en consignas. Es un proceso natural. Donde sí percibí estandarización o repetición es en algunas temáticas. En un encuentro de talleres tuve que escuchar como treinta crónicas de la infancia, todas iguales o parecidas: una tortura inenarrable.

En cada capítulo se adjuntan decálogos, manifiestos o reglas de escritura de cada maestro. Esto provoca que Maestros de la escritura sea imprescindible no solo para conocer los talleres mécanicos de las letras, también funciona como un manual estratégico para todo aquel que quiera lanzarse al difícil mundo de la escritura.

Liliana Villanueva ya ha indagado en la maquinaria de los talleres. Su anterior libro, Las clases de Hebe Uhart, publicado por Blatt&Ríos, tuvo mucha repercusión en los medios culturales y sobre todo en los lectores. También ha publicado Sombras Rusas y Lloverá siempre. Las vidas de María esther Gilio.

– Hoy en día hay demasiada oferta de talleres de escritura, además escuelas (Casa de Letras), licenciaturas (Carrera de Escritura en la UNA) y maestrías (UNTREF), ¿Cuál pensás que es el motivo de este fenómeno?

No confío mucho en la palabra ‘demasiado’, aunque la uso mucho, demasiado. Hay demasiadas panaderías, pero la gente come pan y tortas, hay demasiados almacenes chinos y demasiados cafés, pero si están es porque responden a una necesidad. A veces creo que no hay suficientes talleres, o no serán lo suficientemente buenos. Pensá que quedan pocas “legendarias” (de los ocho maestros del libro quedan tres escritoras vivas). A mí me escribe mucha gente que busca taller y no encuentra. Yo no doy taller de escritura.

 

Maestros de la escritura (2018)

Autora: Liliana Villanueva

Editorial: Godot

Género: crónica

 

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