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Reseña fantasma- Cuando el vacío te mira

el salto del final

Por Naryís Pagano

El salto del final es un libro de cuentos escrito por Pablo Vinci, y publicado en 2009 por la Universidad Nacional de La Plata. Se trata de uno de los primeros libros de la colección “Sólo cuentos” de la editorial.

O, quizás, sería más acertado decir que El salto del final es un conjunto de cajas sorpresa, donde a cada palabra el lector siente que está dándole una vuelta a la palanquita, mientras espera que en cualquier momento salte un payaso para asustarlo. Desde que uno empieza a leer cualquiera de estas historias, sabe que algo va a pasar y avanza con la curiosidad mórbida de quien observa un desastre inevitable. Algunas veces, como en “Franco” o “La boca del final”, el resultado se hace evidente casi desde el principio; en otras ocasiones (“Las rosas decían rojo” es el mejor ejemplo) la impresión inicial que se tiene de la historia va cambiando conforme el narrador deja entrever la oscuridad que no puede observarse en la superficie. Más allá de si el lector sabe o no que hay una bomba debajo de la mesa (como diría Alfred Hitchcock), el estilo de Vinci hace que se espere la explosión en todo momento.

No todos los cuentos resuelven la tensión que construyen en sus pocas páginas. “Tres palabras” y “Aquí” dejan las respuestas a la imaginación de quien está leyendo, pero no se trata de saber exactamente qué ocurrió o qué se dijo, sino las emociones por las que pasaron los personajes. Esta es la otra fortaleza de Vinci: meter al lector en la cabeza de alguien muy particular, que si bien quizás actúa de formas muy distintas a como nosotros lo haríamos, esconde emociones y pensamientos muy humanos. Desde la competitividad infantil del protagonista de “La boca del final” hasta la culpa de Beltrán en “Franco”, pasando por la timidez de Marcial (“Se levanta Marcial”) y la curiosidad del narrador de “Aquí”, nos vemos inmersos en un océano (no muy distinto a aquel donde se pierde la pareja de “Ya sin nada de sol”) de emociones diversas que no podemos sino adoptar como si fueran nuestras.

La escritura de Vinci también nos entrega pequeñas perlas que se quedan dando vueltas en la mente del lector. Con leer Escapar no es, ni en metáforas, temerario, audaz o valiente. Escapar ni siquiera es un verbo irregular en la primera página de “Se levanta Marcial”, supe de inmediato que iba a disfrutar estos cuentos.

Algunas de las historias convierten en metáforas los hechos más cotidianos; así es como “Ya sin nada de sol” y “Aquí” relatan anécdotas comunes en la vida de los personajes que, en realidad, funcionan como un reflejo de sus vidas internas o su relación con otra persona. Así es como cada paso, cada movimiento, cada ola del mar y cada golpe en una puerta nos dicen todo lo que los personajes no son capaces de poner en palabras.

“Escribimos porque tenemos algo que decir, aunque para el otro sea una estupidez. Pero esa estupidez la tenemos que decir sí o sí”. Estas fueron las palabras de Pablo Vinci a Página 12 cuando se publicó este libro, y creo que esa frase deja entrever el hilo conductor de todos estos cuentos. El autor nos muestra una mirada de personajes que buscan con desesperación decir algo y ser escuchados, pero no siempre son capaces de dar el paso necesario. A veces, como le pasa a Bertlán, hablar sólo los lleva a la decepción cuando no obtienen la respuesta liberadora que tanto querían escuchar. Tal vez sea este temor tan humano es el que nos permite entenderlos tan bien.

Por César Mosquera Cáceres

Si están cansadxs de leer cuentos monótonos y con finales predecibles, no busquen más, Pablo Vinci rompe esa estructura y nos regala un estupendo libro de cuentos: El Salto del final. Esta colección fue publicada por la Universidad Nacional de la Plata en 2009, en dónde en el último tiempo sus relatos fueron incluidos en diversos medios periodísticos de Argentina y México.

El Salto del final contiene siete cuentos que son cortos, comprensibles, que te dejan marcadx hasta el final del día y que te hace quedar en shock con finales secos e inesperados. También tienen una particularidad que los hace únicos: el nombre del título de cada cuento es utilizado en el último párrafo de este. Es por eso que el término clave -que por lo general es el título- de la historia nos hace volver a pensar en el principio y lo traslada para el final, a modo de cierre.

Antes de continuar, sumerjámonos en el autor, que es el responsable de esta joya. Vinci nació en 1966 en la Ciudad de Buenos Aires. Es coordinador de talleres literarios y cuentos de lectura desde el 2005, integrante de la Comisión Directiva de Pen Argentina y fundador del GrupoGea -desarrolla actividades literarias y talleres de escritura creativa en Buenos Aires. En cuanto a su pluma, fue co-autor de «La palabra esencial, Antonio Porchia y sus voces” en Ediciones Impulso el 2014 y realizó colaboraciones literarias en 2010 y 2016 en «Cafés y tango en las dos orillas» e «Intimas, vivir con la pintura», respectivamente.

Ahora sí, con todo este currículum, seguimos. Vayamos a los siete cuentos. En primer lugar, todos tienen de fondo algo sombrío y oscuro. Algo que le despertará a el/la lector/a sospechas, sorpresas, que incluso su cabeza experimentará cosas tétricas al ir pasando las páginas. Es que las tramas producen suspenso que al ir leyendo te hacen expandir los ojos y frenar el respiro en más de una ocasión.

En segundo lugar, el punto fuerte de cada uno de ellos son las descripciones. Vinci tiene una facilidad para especificar en imágenes e introducirnos dentro de la historia, viendo lo que sucede en la escena que narra. Lo que se dice «fotografiar el momento» lo hace excelente para el/la lector/a.

A continuación, transcribo solo algunas de tantas descripciones: «Cuando el viento sacudía  los  árboles  amarillos,  Beltrán  veía  que  las hojas caídas suavizaban el agua» (en Franco), «Cuando  conducía  la  lancha,  y  en especial  durante  algunos  días,  su mirada  se perdía  lejos,  al final  del agua  o en  el verde  entremezclado de los  árboles  que,  en otoño,  se  enloquecían e  inventaban un interminable arco  iris que  se  estacaba  en  las islas» (en Franco). ¿No es genial?. Va otra: «El ganador  llegaba al  final  de  la carrera,  miraba caer  su  barco,  seguía  caminando unos  metros  más  y tomaba  el colectivo sin mirar  hacia  atrás  ni  decir  una  palabra. El  segundo,  en cambio, festejaba  y  gritaba  sin importarle  que  el  103  siguiera  de  largo,  aunque después  hubiera  que  quedarse  esperándolo  media  hora  y  perderse  el principio  de  El Zorro» (en La boca del final). Aquí Vinci ya está en otro nivel. ¡En un párrafo nos coloca en tiempo y espacio del cuento! 

Por ejemplo en Ya sin nada de sol, cuando el protagonista está flotando en el mar de la playa, escribe: «El  agua se  enfriaba,  se  hacía dura.  El  manto blando  se  transformaba  en metal». Vinci redobla la apuesta y ahora nos coloca en tiempo, espacio y sensaciones. «El manto (por el agua)…se transformaba en metal», pues todxs sabemos la sensación de un metal: frío, áspero, rugoso. Pablo nos hace sentir hasta lo que siente el personaje de la historia. 

En tercer lugar, cuatro de los siete cuentos están narrados en primera persona, dos en tercera y una en segunda -atención a ese-. Cada uno tiene algo que lo hace especial. Por último, a criterio personal, los dos primeros son los más inquietantes y están ubicados ahí a propósito para que el/la lector vaya lea y se enganche con los demás. Muy bien logrado por Vinci. 

El salto del final (2009)

Autor: Pablo Vinci

Editorial: Edulp

Género: cuentos

 

Complemento circunstancial musical:

Un comentario

  1. Elida Conde Elida Conde

    Impresionante reseña de esta obra de Pablo Vinci. Describe a la perfección lo que el lector siente a medida que se sumergeen los relatos, suspenso, impacto, curiosidad, identificación.
    Admiro profundamente a Pablo Vinci. Leerlo es un placer que nunca estará debidamente agradecido.

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