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Reseña #322 – El universo y sus múltiples sutilezas

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Por Valentina Vidal

Es posible observar una hoja estrella sin ver los colores que toma en otoño. También es posible vivir un día intenso de trabajo sin reparar en el rebote del sol sobre la ventana del escritorio. Alejandra Zina, en Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) observa, percibe y respira sutilmente cada detalle de lo imperceptible, lo relevante del espacio que se ocupa. La acción, los personajes y todos los componentes que existen alrededor juegan un mismo rol de importancia. ¿O acaso no somos una combinación de múltiples factores?  Los siete cuentos que componen el libro recorren una atmósfera familiar, pero no por eso poco extraña. Uno de los ejemplos más claros es en el relato “Falsa promesa” donde una mujer mayor decide cortarse una larga cola de caballo. Un escenario que no pareciera aportar datos de conflicto,  pero que si leemos un poco más allá y damos cuenta de que para los pueblos indígenas cortar el pelo no solo representaba el corte de la corriente de su pensamiento sino en algunos casos una deshonra, o que una guerrera con el cabello cortado en la batalla no tendría lugar en el seno de sus ancestros por la ausencia de su alma, ni recuerdos ni corazón, vamos hacia dónde Zina nos lleva casi en susurros: lo simbólico en la pequeña gran batalla personal que implica en una mujer de más de setenta años que decide cortar un pelo que llevó durante la mayor parte de su vida.

En “Negros famosos” otra mujer es encontrada escondida dentro de un ropero y su grupo de amigas pretende sobrellevar su internación en un psiquiátrico desde un simple juego de adivinanzas. Zina desarma los hilos de un extenso telar y bucea en un juego de espejos dónde la mujer es el cuerpo desnudo con cámara en mano:  “Entrar vos y tu alma en ese comedor que huele a leche caliente, filet de merluza y lavandina, repleto de gente sentada que te mira como si acabaras de bajar de una nave espacial, algunos te saludan sin conocerte, otros vienen caminando en cámara lenta para preguntarte a quién viniste a ver, esquivarlos a todos y acercarte a su silla, enfrentar su mirada de niña extraviada, verla escarbar los bolsillos buscando plata y en lugar de eso llenarse la mano de caramelos ácidos, papeles y pelusas, oírla repetir que si tuviera plata te la daría, verla jurar con dos besos, decir cualquier cosa cuando ella te ruegue que la ayudes, que por favor la ayudes a volver a casa”.

La prosa de Zina es directa y fresca. Cuenta, narra, recorre historias de mujeres en toda su complejidad, desde una mirada honesta y a la vez lateral que por momentos nos deja de pie frente a cierta incomodidad. Zina desviste con habilidad la singular cotidianidad de las cosas y nos permite mirar desde el ojo de una cerradura, sin presiones,  sin falsos discursos ni bajadas de línea, mientras se desdibuja en situaciones de desamparo con sutiles interferencias, porque en cada uno de sus relatos, no deja de abrir puertas a las cruzadas con que se atraviesa lo existencial y lo finito de las cosas.

“De pronto aparece una mano, no todo el cuerpo, sino el detalle de un brazo y una mano que agita en el aire una foto vieja, tan vieja que se deshace como una hoja de árbol seca que se aprieta dentro del puño.”

Sin dudas Hay gente que no sabe lo que hace es un libro de relatos tan rico en imágenes, como en profundidad. Zina es una escritora que acaricia cada palabra, que sostiene una lupa y proyecta el sol hasta formar un pequeño punto brillante sobre el papel para finalmente convertirlo en fuego.

Hay gente que no sabe lo que hace (2016)

Autora: Alejandra Zina

Editorial: Paisanita editora

Género: cuento

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